Históricamente, el cooperativismo ha sido más cercano al trato humano y al arraigo territorial; pero en la actualidad enfrenta el reto de integrar las tecnologías sin perder su esencia solidaria.
Este proceso no es solo una tendencia: es una necesidad para mantenerse relevante frente a nuevas generaciones de asociados y un entorno cada vez más digitalizado.
CooGómezPlata es ejemplo de cómo una cooperativa puede avanzar con pasos firmes hacia lo digital, sin dejar atrás su identidad.
En 2024, CooGómezPlata registró más de 14.900 transacciones digitales, movilizando más de 11 mil millones de pesos. El portal transaccional lideró el uso con más de 6.600 millones en operaciones solo en 2024.
Esta experiencia muestra que la transformación digital en el sector cooperativo no solo es posible, sino que puede ser exitosa cuando se hace con propósito.
CooGómezPlata digital: cooperar también es innovar
En el mundo financiero, la transformación digital dejó de ser una promesa para convertirse en una condición de permanencia. Sin embargo, mientras los bancos tradicionales han adoptado tecnologías con rapidez, el sector cooperativo ha transitado este camino con mayor cautela. Las razones son comprensibles: el cooperativismo está profundamente ligado a relaciones humanas, confianza comunitaria y una gestión más cercana. Pero hoy, incluso estas fortalezas exigen adaptación tecnológica.
Lejos de ser una contradicción, digitalizarse puede fortalecer la identidad cooperativa. La tecnología no tiene que reemplazar el vínculo humano: puede amplificarlo, al ayudar a que una cooperativa esté más cerca de sus asociados, incluso cuando no están físicamente en la oficina.
Esa es la verdadera transformación: pasar del temor a la tecnología, a usarla como aliada.
¿Por qué digitalizar el cooperativismo?
La digitalización permite mejorar la eficiencia, reducir costos operativos, ampliar el alcance geográfico y responder a las expectativas de nuevas generaciones que exigen inmediatez y acceso en línea. También mejora la transparencia y el control, al dejar trazabilidad sobre operaciones y movimientos. Para las cooperativas, esto se traduce en mayor confianza y autonomía de sus asociados.
Pero la transformación digital no se trata solo de tener una página web o una App. Implica un cambio cultural: que el equipo interno entienda y adopte nuevas herramientas, que se comuniquen con claridad los beneficios al asociado y que se mantenga el enfoque solidario incluso en los canales virtuales.
El caso CooGómezPlata: tecnología con propósito
Un buen ejemplo de esta transición es CooGómezPlata. Aunque se encuentra en un entorno tradicional, esta cooperativa ha apostado por ofrecer a sus asociados herramientas digitales que amplifican la experiencia de servicio. El lema es claro: más allá de la oficina, también hay vida cooperativa.
La cooperativa ha desarrollado una oferta diversa que incluye:
- Banca Móvil: para que los asociados consulten y operen desde el celular.
- Cajeros automáticos: que permiten acceso a efectivo y consulta sin necesidad de oficina.
- Corresponsal Solidario: que expande el alcance físico a través de puntos de servicios.
- Puntos de venta y redes aliadas: para que las transacciones puedan hacerse en el día a día con más de 385 oficinas conectadas en todo el país. .
- Oficina física: que sigue operando con calidez y atención personalizada.
Esta estrategia multicanal no busca reemplazar lo presencial, sino complementar el servicio. Se trata de darle opciones al asociado para que elija cómo interactuar según sus necesidades, tiempos y posibilidades.
Un modelo replicable y escalable
La experiencia de CooGómezPlata demuestra que es posible avanzar en la transformación digital desde una cooperativa sin perder el ADN comunitario. Se trata de entender que el futuro no está en abandonar lo que somos, sino en adaptarnos para seguir siendo útiles. Y que la tecnología, bien usada, puede estar al servicio de la confianza, la cercanía y el desarrollo local.
El reto para el sector está en mirar estos avances no como una amenaza, sino como una oportunidad. Porque en un mundo cada vez más digital, lo humano no desaparece: solo cambia de canal.
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