“Con el aporte de todos podemos lograr la transformación de Colombia y del mundo”, padre Alberto, fundador de CooGómezPlata.

[vc_row][vc_column][vc_column_text css=»»]Detrás de la historia de CooGómezPlata hay decisiones que marcaron el rumbo de toda una comunidad. Una de ellas fue la del sacerdote Alberto Pérez Medina, quien, es nuestro fundador.

El padre Alberto, como es conocido en la comunidad, más que identificar una necesidad, confió en la capacidad de las personas para organizarse, apoyarse mutuamente y construir una entidad duraderas.

Su papel como fundador no solo fue el de iniciar un proyecto financiero, sino el de proponer una forma distinta de caminar juntos: desde la solidaridad, la educación y el compromiso local.

Hoy, cuando miramos para atrás, nos enorgullecemos del camino recorrido. Por eso, conversamos con el Padre Alberto para recoger en sus palabras la memoria viva de esos años de siembra.

En este diálogo, hablamos de los comienzos, de las decisiones que permitieron que CooGómezPlata echara raíces y de cómo el cooperativismo sigue siendo una herramienta poderosa para transformar realidades.

Volver a esta historia es reconocer que lo que hemos construido no fue casualidad, sino el resultado de una visión clara y del trabajo colectivo de una comunidad que nunca ha dejado de creer en sí misma.

Padre Alberto, ¿Cómo fue tu experiencia de llegada a Gómez Plata y qué sentiste al encontrarte con ese territorio?

Yo llegué a Gómez Plata el 3 de febrero de 1983, nombrado párroco por el señor obispo por tiempo indefinido. Allí estuve 10 años. Mi primera impresión fue encontrar una comunidad muy linda, con muchos proyectos de vida, pero con pocas posibilidades reales de llevarlos a cabo. Muy seguido, la gente venía a pedirme préstamos: “Padre, présteme 50 mil pesitos, 100 mil pesitos”. Yo les respondía: “La parroquia no es una institución crediticia, pero les voy a fundar una que les sirva a todos”.

En ese entonces solo existía la Caja Agraria, y era para quienes tenían capacidad económica. El 90% o 95% de la población no podía acceder a esos servicios. Por eso les dije: “Voy a empezar a educarlos, a contarles de qué se trata el cooperativismo”. Así, durante 1983 y 1984 trabajamos en sensibilizar a la comunidad para que entendiera la necesidad de tener su propia institución y cómo participar en ella.


Según tenemos entendido, tú ya tenías experiencia en el mundo del cooperativismo por tu paso en Coofrasa (Cooperativa Fraternidad Sacerdotal). ¿Qué aprendizajes de esa etapa te guiaron o te inspiraron para la creación de CooGómezPlata?

Desde niño tuve vocación cooperativa. Fui el niño ahorrador en la Caja Agraria de Santa Rosa de Osos y gané el premio en 1950. Desde entonces entendí que la vida debía trabajarse con organización, austeridad y previsión.

En el seminario me formé con una sensibilidad social muy fuerte. Allí fundé una cooperativa de consumo para que los 180 estudiantes accedieran a útiles escolares. Desde entonces me reconocieron ese carisma cooperativo.

Muy joven ingresé al Consejo de Administración de la Cooperativa del Clero de Santa Rosa, que luego se unió con otra llamada ”Santo Cura de Ars”, y juntas formaron lo que hoy es Coofrasa, la Cooperativa Fraternidad Sacerdotal. Fui presidente del Consejo durante 16 años y también gerente por ocho.

Así que cuando llegué a Gómez Plata, ya tenía experiencia en la gestión cooperativa.


Sobre la fundación de CooGómezPlata, sabemos que tú mismo formaste al primer gerente. ¿Por qué elegiste a una persona tan joven para liderar la cooperativa en sus inicios?

Pensé que la primera gran lección debía ser que esta institución era para la nueva generación. Fui donde el rector del liceo y le pregunté quién era el mejor en matemáticas, contabilidad, liderazgo… Me dijo: ”Álvaro Rúa”. Lo llamé a la rectoría y le dije: “Álvaro, usted se va a graduar y va a salir con trabajo fijo: será el gerente de la Cooperativa”.

Él se asustó y me dijo: “Padre, yo no sé nada de eso”. Le respondí: “Yo te enseño. Te vas a preparar con cursos y talleres de administración cooperativa”. Y así fue. Álvaro fue nombrado gerente por mí y comenzó el proceso desde cero.


¿En qué momento sentiste que CooGómezPlata había echado raíces en la comunidad? ¿Hubo algún hito que te confirmara que iba por buen camino?

En abril de 1985 obtuvimos la personería jurídica por medio del Dancoop, que era la entidad reguladora en ese tiempo. La oficina de la cooperativa empezó en el despacho parroquial. Álvaro y la secretaria eran los dos primeros empleados, pagados por la parroquia durante el primer año.

Yo anunciaba cada domingo en misa cuántos socios nuevos había, cuánto teníamos de activos, de patrimonio. Eso motivaba mucho. El primer crédito lo dimos a los seis meses. Luego, a los cinco años, compramos nuestra sede, justo en la plaza principal. Fue un hito que dio mucha confianza a la comunidad. Después, cuando empezamos a apoyar eventos comunitarios —la fiesta del niño, del campesino, de la mujer, Navidad—, la cooperativa se volvió parte activa del pueblo.

Su imagen se volvió cercana, creativa, dinámica.


Hoy CooGómezPlata tiene tres sedes, incluso en Medellín, y un impacto evidente. ¿Qué es lo que más te emociona de esta evolución?

Me emociona ver cómo Gómez Plata, Carolina, Guadalupe y la región en general se han transformado. Cuando volví para celebrar los 40 años, vi un pueblo completamente distinto. Hoy tiene dinamismo, sentido de comunidad, cultura, cooperativismo. Un padre me preguntó: “¿No siente orgullo de haber fundado esto?”. Yo respondí: “Siento alegría”. El orgullo, claro, es como el de un padre con una hija bonita. Pero lo que más me llena es ver el servicio real y constante que se presta a los más necesitados.


Para terminar, ¿Qué mensaje le dejarías a las nuevas generaciones que están entrando o van a liderar la cooperativa?

A los niños, adolescentes y jóvenes les diría: el cooperativismo es más necesario que nunca. Solo el sentido de cooperación puede salvarnos como sociedad. Siempre les repito: aprendan a sumar para multiplicar, y olviden la resta y la división. Eso es lo que nos falta en Colombia. Gómez Plata es ejemplo de cómo sumar permanentemente.

Eso es cooperativismo.

Es como la parábola de la multiplicación de los panes en el capítulo sexto del Evangelio según San Juan: un niño entrega tres panes y dos peces, y con eso Jesús hizo el milagro.

Con el aporte de todos podemos lograr la transformación de Colombia y del mundo.

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